La mitología japonesa posee narrativas profundas sobre el origen del mundo y de los dioses, siendo los textos Kojiki y Nihongi los pilares de esta tradición. Estos antiguos documentos recopilan las leyendas que describen la creación del cosmos y las primeras deidades. El mito se centra en el viaje trágico de Izanagi al reino subterráneo de Yomi, una travesía que define el límite entre la vida y la muerte. Este artículo detalla los sucesos cruciales que acontecieron tras la entrada de Izanagi a Yomi, explorando la naturaleza del encuentro con Izanami, su desesperada huida y las consecuencias simbólicas de este evento en la cosmovisión japonesa.
El origen divino y la creación del mundo
Antes de la tragedia, el mito establece el marco de la existencia. Las primeras divinidades secundarias surgieron en pares de hermanos y hermanas, estableciendo el orden cósmico. La pareja más significativa en esta etapa es Izanagi e Izanami. Ellos descendieron al océano caótico a través de un Puente Flotante del Cielo, un viaje que marcó el inicio de la manifestación física del universo.
Al sumergir una lanza adornada con joyas en el océano agitado, se logró coagular la materia, dando origen a la isla de Ongoro. Esta isla se convirtió en el Pilar Central de la Tierra. En este entorno divino, la unión de Izanagi e Izanami dio nacimiento a múltiples elementos: las islas, el mar, las olas y las montañas. Además, engendraron a otras deidades fundamentales, incluyendo al Dios Fuego.
Este proceso de creación fue inicialmente exitoso, estableciendo los cimientos del universo tal como lo conocemos. Sin embargo, el destino de Izanami tomó un giro abrupto. Después de engendrar al dios del fuego, Izanami sufrió una enfermedad fatal. Se quemó las entrañas y, finalmente, murió. Este evento marcó el punto de quiebre en la vida divina de la pareja.
El viaje al submundo y la confrontación en Yomi
Desolado por la muerte de Izanami, Izanagi, impulsado por el amor y el deber, emprendió la búsqueda de su esposa en el mundo subterráneo. Este reino es conocido como Yomi. El viaje de Izanagi al reino de Yomi y qué ocurrió tras el viaje de Izanagi al reino de Yomi es el punto más dramático de la leyenda.
Al llegar, Izanagi intentó persuadir a Izanami para que abandonara el inframundo. Sin embargo, ella no pudo irse. El motivo de su negativa radicaba en que ya había ingerido alimentos pertenecientes a Yomi, lo que la había ligado permanentemente a ese reino de la oscuridad y la descomposición.
Al verla en un avanzado estado de putrefacción, Izanagi se vio forzado a confrontar la realidad de la muerte. Este encuentro, que representaba el límite entre la vida y la decadencia, le resultó insoportable. Se alejó del reino, iniciando la fase de su huida.
La huida de Izanagi y la advertencia de Izanami
La huida de Izanagi fue inmediatamente detectada. Izanami, desde la oscuridad, envió a demonios a perseguirlo. En un esfuerzo por escapar, Izanagi tuvo que despojarse de ropas y posesiones para aliviar el peso de su persecución y acelerar su escape.
Al fin, logró alcanzar el paso que separaba ambos mundos. En este punto crítico, Izanagi encontró tres melocotones, que utilizó para repeler a sus perseguidores. Acto seguido, para garantizar su seguridad y el cierre de esa puerta, bloqueó el paso con una roca gigantesca.
Antes de sellar la salida, Izanami le impartió una advertencia profética y terrible. Le advirtió que él mataría a mil quinientos seres vivos en la Tierra de la Luz cada día. Esta advertencia subraya la naturaleza dual de la existencia: la creación y la destrucción.
En respuesta a esta amenaza, Izanagi no se rindió, sino que propuso un pacto. Argumentó que, si bien la muerte era inevitable, él instalaría mil quinientas casas de maternidad. Con este compromiso, garantizó que ese mismo número de nacimientos ocurriría diariamente, estableciendo así un equilibrio cósmico entre la vida, la muerte y el renacimiento.
El divorcio y las consecuencias míticas
El mito concluye con el divorcio de la pareja divina, Izanagi e Izanami. Este acto de separación no fue solo una ruptura sentimental; fue la delimitación mitológica del mundo conocido.
El viaje de Izanagi a Yomi y su subsiguiente rechazo a la muerte marcó el inicio de las funciones más complejas de las deidades japonesas. La huida simbolizó la necesidad de la civilización y la existencia de un espacio separado (el reino de Yomi) que opera bajo las leyes de la descomposición y el ciclo final, en contraste con la Tierra de la Luz, donde opera el ciclo de la vida y la regeneración.
Esta leyenda no solo explica el origen de la creación, sino que también establece el principio filosófico de la vida en el panteón japonés: que la destrucción y la muerte (Yomi) son intrínsecamente necesarias y equilibradas por la procreación y el nacimiento (la Tierra de la Luz). El mito, por tanto, es una explicación profunda sobre el orden cósmico, donde cada proceso tiene su contraparte y su límite.